viernes, 5 de junio de 2015

Empiezo

Vi todo caer como un castillo de naipes de plomo,
cenizas del imperio de la felicidad sujeta por alfileres. A ratitos. A rayos sueltos de luz.

Vi los años pasar poniendo amarillas las fotografías digitales.
Los vi pasar.
Uno a uno, como un bosque, árboles que crecen centímetros meses años.
Los vi perderse en mis recuerdos.

Pasaban cosas que me pasaban a mí. O yo les pasaba a las cosas. En definitiva creo que me perdí.

Conté poco cómo me sentía porque no sé, no sé sentir. O no sé contar. Matemáticamente podrían ser ciertas ambas.

Me preguntaron mucho cómo me sentía; lo conteste poco lo poco que supe contestar.

Dejé de escribirte para entenderme.

Y me perdí, creo. Como se pierde un perro en una guerra civil. Sin entender siquiera qué carajo es un bando.

Vi los años que me ocurrieron. Fui valiente o me convencí para serlo. Me la jugué en todo lo que consideré que merecía la pena. No perdí nada. Me equivoqué todas las veces que pude. Pude muchas.

No me arrepiento de nada. Creo que lo di todo. Me vacié. Por momentos la piel sostenía un cuerpo vano. Madrid era una ciudad solitaria porque yo caminaba por ella. Madrid era una ciudad vacía, sólo había gente.

Debe ser que me perdí.

Me pregunto algunas cosas que duelen. No me da miedo estar solo. No me da miedo estar en compañía. Metafísicamente podrían ser mentira ambas.

No me da miedo mirarme a los ojos. En algunos momentos.

Veo a alguien envilecido de realidad. Mis sueños se han hecho pequeños, conforme me hacía mayor. O menor. Ya saben, podrían ser ciertas ambas.

He sabido perder de vista a mis enemigos elegantemente. Me olvidé del peor.

En algunos momentos no me da miedo mirarle a los ojos.

Seguí jugando siempre. Juego con la lógica para ganarme el pan y el techo. Siempre que pude me hice trampas al solitario, no más que nadie, ni menos. Como todo el mundo me he hecho la zancadilla, me di capones, me robé la merienda en el patio del colegio. Durante toda mi vida. No más que nadie, ni menos.

Estoy haciendo inventario. Tomo notas. Y aprendo, que no es poco.

Miro menos pantallas. Miro más por la ventana.

Aprendo de un gato a ser feliz.

Escucho. Si abro la ventana se oyen pájaros.

Hago mi casa. Pongo mis cosas como una tonta prolongación de uno. Me distribuyo por las habitaciones.

Todavía no es mi casa pero me gusta, que no es poco.

Tomo notas.

Hablo. Y trato de contarme. Sigo sin saber responder lo que siento, pero lo intento.

Me escribo para entenderme. Y empiezo algo parecido a mi mismo.

Me distribuyo.

Faltan cosas, tomo notas, hago una lista. Escucho la ventana abierta.

Y me empiezo, de nuevo, importando lo importante, hacia delante, hacia dentro, hacia fuera.

No hay comentarios:

Publicar un comentario